|
Quise empezar este escrito, entrecomillando la palabra
artista, porque últimamente siento que puede ser llamado
así, aquel con preparación profesional, varias exposiciones
individuales y que se cotice a altos precios; pero la verdad
es que no siempre debe ser así.
Además, este es mi diario, mis letras, mi papel y mi vida,
así como es a mi subconsciente al que alimento, y por lo
tanto me llamaré como quiera, si eso me hace sentir mejor y
me causa una mejor sensación de logro.
He decidido hacer este diario para ir narrando o narrándome
las experiencias vividas en el camino del arte, así como los
muchos o pocos aprendizajes que vaya teniendo en esta vida
llena de placeres y satisfacciones.
Y es que, algunas veces hago un escrito, hablando de cómo me
siento, y no sé dónde publicarlo, y termino guardándolo para
mí mismo, incluso sin volver a leerlo; aunque también he
puesto algunas cosas en el chat de los compañeros de arte o
compartido con artistas cercanos, y no recibe comentarios.
Tal vez sea que, la calidad de mis escritos, no merecen para
algunos, ser comentados; pero también puede ser que mientras
lo escribía me he salido un poco del mundo artístico, y me
dejé llevar por el escritor o por el coach de vida, haciendo
un comunicado a mi subconsciente o trabajando en el
desarrollo personal, y deja de ser del interés de los
artistas en artes plásticas.
Aún así, y aunque sea “El diario del artista” y lo narre
como escritor, no me limitaré a incluir temas de desarrollo
personal que tengan que ver con el asunto, que me sirvan
para mi propio crecimiento, y que además puedan ser
entendidos desde otros ámbitos, oficios, profesiones o
situaciones diarias, en las que llegue a estar, o que le
puedan servir a alguien más, de los que leen mis letras.
Hace unos días, escribí:
Soy un buen acuarelista
“Soy un buen acuarelista”, son palabras que me retumban en
la cabeza cada vez que estoy acostado y pienso en lo que hoy
hice o en lo que quiero hacer mañana, en materia de arte.
Así como “soy acuarelista” son palabras que uso algunas
veces para presentarme, siempre y cuando no esté hablando
con alguno graduado de bellas artes o con una carrera de
muchos años, y en ese caso sólo puedo decir: “pinto
acuarelas”.
“Soy un buen acuarelista”, palabras que sigo repitiéndome,
hasta que llego a sentarme frente al papel, y no tengo claro
qué quiero hacer, no puedo reconocer bien el nombre y tono
de los colores, o estoy junto a un compañero o compañera de
arte, que hace unas pinceladas que yo no puedo hacer; y las
palabras empiezan a no ser mías o a no corresponderme, sin
pensar que yo también puedo hacer pinceladas que algunos de
ellos no pueden hacer; pero el consciente está haciendo de
las suyas, y poco a poco mina mi seguridad personal.
“Soy un buen acuarelista”, siempre y cuando no esté en la
clase, y sienta cuando llega mi profesor de nivel mundial y
fijamente ve el papel y lo que estoy haciendo; y aunque
podría ser que le guste lo que hago, yo siento que esa
mirada es de lástima o de juicio; pero ese es mi yo interno,
y ciertamente no es necesariamente lo que está pensando.
Es tan difícil encontrar el balance entre lo que piensa el
consciente y el subconsciente, así como la fantasía y la
realidad que se debaten en mi cabeza; y he trabajado mucho
en eso, sin lograrlo, y aprovechando la actitud de mis
compañeros para ver si la seguridad que de algunos de ellos
emana, es heredable o la puedo hacer mía, así como la
inseguridad que también parecen tener en algunos momentos, a
pesar de tener grandes obras todavía húmedas, me sirve de
ejemplo para tratar de entender que, no siempre debo
sentirme así.
Pareciera que hoy voy a decir cómo resolverlo o cómo lo
resolví; pero como muchas veces escribo, esto es sólo una
toma de consciencia, de algo en lo que tengo que trabajar
internamente.
Tal vez alguna parte de mi se compara con otros, o con
muchos, y eso es lo que tengo que apagar. Ese es el switch
que debo quitar o la luz de advertencia que no debo dejar
que se encienda más, porque no hay nadie con quien podría,
con permiso, compararme.
Estoy rodeado de estudiantes de arte y un profesor que es un
grandioso acuarelista, y ciertamente no puedo hacer mucho de
lo que ellos hacen; pero eso no me da seguridad, porque a
ratos pienso que todos ellos podrían hacer, sin problema, lo
que yo hago, y nuevamente el valor personal se viene al
suelo.
En fin… acepto esto como una toma de consciencia y lo
trabajaré, y no sólo en la acuarela, sino en la escritura,
en el diseño y en muchas otras áreas en las que he notado
que, mi seguridad personal está minada, y más cuando hay
personas tan talentosas a mi lado.
¡Ciao chitos!, me voy a pensar en mi seguridad y estabilidad
personal, y más específicamente en mi trabajo, en la
cantidad que hago, en cuánto hago y cómo lo hago, sin
depender de valores externos, que, en la mayoría de los
casos, me pueden dejar un sinsabor.
Y luego de todo esto, trataré que mis palabras tengan fuerza
cuando salen de mí. Cuando algún compañero/a haga algo que
no me gusta, encontraré la forma educada y suave de
hacérselo saber, y no para que lo cambie, porque finalmente
es sólo mi gusto; sino para que cuando le diga qué me gusta
o qué me encanta, esas palabras sean aceptadas con la
intensión que llegan; y ojalá ellos hicieran lo mismo
conmigo, para poder confiar cuando me dicen que algo me
quedó bien.
Tres compromisos me llevo
luego de estas líneas, el de revisarme y cambiar eso que me
hace sentirme menos que otros, el ser sincero con quienes
terminan o trabajan en una obra, y el querer y poder aceptar
las críticas constructivas, por más fuertes que sean, para
que le den valor a los elogios, que estoy seguro que también
pueden llegar.
Este texto escrito, publicación o lloradera, fue una llamada
de atención a mi mismo, para tratar de entender qué es lo
que siento y por qué me siento así; y aunque lo publiqué y
no tuve reacciones, quedó retumbándome en la cabeza,
haciendo examen de consciencia, o más bien una introspección
que me ayudara a identificar mis debilidades, y que me diera
alguna herramienta de cómo superar esa “crisis”; pero la
solución o la respuesta no parecía llegar, y yo seguía en
ese limbo, y con esa sensación. |